Fue una clara representación de aquel despertar, ese que me
denotaba pequeños fragmentos que solo llevaban a una cosa, y era a ti.
Ignoraba cada situación lamentable justificándola con un
mejor porvenir, y en ese preciso instante cuestione tu existencia.
Yo, que con cada pasión descarto posibilidades, y tú, tú
siempre tan paciente aseveras que se dará nuestro encuentro, una vez más, no
conocía de tu presencia.Tras una deliberación adecuada confirmé que te invocaba
con cada acto, con cada verso, con cada anhelo...
Sí, eras tú y siempre lo has sido, tu representación física
no prescribe en el tiempo y siempre se renueva al constatar que no eras la
indicada. Te convertiste en un ser abstracto que toma cuerpo cuando la
sincronicidad esté de nuestro lado. ¿Cuándo será eso? -preguntó el tiempo - Cuando
lo considere pertinente -respondió la vida-.
De ese modo comprendí que te
encontrabas más cerca de lo que creía, te invocaba con mi pensamiento y he
solido moldearte a mi semejanza, pero todo eso escapa de su propia naturaleza.
Estabas presente en mis libros, en cada paso que daba, en decisiones acertadas
y erróneas que conllevaban a la experiencia.
Guiado por mis impulsos no supe
valorar los fracasos, a tal punto de intuir que la soledad sustituiría tu
lugar.
Cuando de amor se trata, la paciencia representa un papel muy importante
en el desempeño y nutrición del mismo, virtud que yo totalmente carecía. Claro
está que tú no ponías condiciones, sin embargo esperabas con ansias la completa
madurez y entendimiento de mi persona para así consolidarnos como uno mismo.
Te
sigo esperando, con intensidad variable y desapego, me he percatado de
circunstancias donde estas presente, te llevo conmigo y cada error aprendido me
acerca a ti, seré paciente y cauteloso para que los lapsos no se sigan
prolongando y cuando llegue el momento, valorararé tu presencia por el tiempo que
nos sea permitido compartir juntos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario