Hoy vengo a decirte que se siguen presentando tus fantasmas, habíamos acordado no hacer presencia pese a todo vestigio de reconciliación. Yo no quería, pero esto es como un contrato, donde mi parte acarreó el mayor número de menoscabos. ¿Y qué paso contigo?. Suelo olvidar tu concepción y los destellos tratan de brindarme una idea. Me gustaría comentarte que nada ha cambiado, la mesa sigue estando servida, la gotera del lavabo sigue siendo un problema y la puerta del mostrador aun rechina al abrirse con el viento.
Por mi parte he experimentado en otras artes, me ha ido muy bien y me considero un maestro. Noto con gran asombro que dedique tiempo a labores que antes contigo no atendía. Supongo que en mi balanza no destinaba las cosas que también me eran importantes. He cuidado mi apariencia y camino con cuidado por la calle, tratando de no tropezarme por mis desorientados pensamientos.
Me tome el tiempo de leer algunos libros que me recomendaste, y que no tuve la oportunidad de hacerlo al verme ocupado en la necesidad de darte atención, cosa que del todo para vos no fue suficiente.
A fin de cuentas, no sé que será peor: fingir que todo marcha perfectamente, o asumir que me encuentro en el antes y el después de tu existencia.
Sabes que en temas de discusiones, ganabas terreno al imponer tu ego, y aunque la ira es mi fuerte, cedía el hecho notable de mi modesto afecto.
Debo contarte que aunque el espacio sigue reservado, la película no será la misma; en el libreto, el desenlace se nos fue modificado. El corazón me susurra tímidamente a que viene esta mudanza, mientras que el cerebro se hace la vista gorda reprochándome con pensamientos involuntarios en momentos inoportunos.
Creo que llegue a la conclusión de que ya es hora de emprender la partida, sin poder mirar hacia atrás porque voy en bicicleta, y el mínimo arrepentimiento no cabría mal, pero la experiencia y el tiempo me miran con recelo, y al momento, han sido la mejor compañía.
Sería una ofensa no despedirme del destinatario, obviando el protocolo de desearle todo lo mejor en su recorrido, pero sería aun peor dejar pasar el hecho circunstancial irónico de poder volvernos a topar en el sendero. Quisiera también, dentro de mis modales, evitar caer en el vicio del resentimiento pero cuesta muchas veces. Desde el fondo de mi espíritu mis impulsos ya vencieron, hay dolores que no duran solo un tiempo, sino que son diagnosticados de por vida. Espero como yo, hayas entendido el verdadero valor de un sentimiento, que no se agotó con la simple distancia, un desaire, o en la incapacidad de entendimiento.
Yo espero, que en el transcurso de tu vida asimiles ciertos significados que no pueden ser atribuidos a diestra o siniestra y que, con el tiempo, exhales un suspiro de razón que derrama una lagrima, al saber que pudo ser más y que la pasión estuvo de un solo lado.
El Remitente.