Sentí la necesidad de alejarme de mi entorno, de lugares conocidos, de personas tóxicas, de relaciones inconclusas, hasta de mi hogar. Nada satisfacía ni me hacía comprender la esencia de mi persona, de lo que era yo, o de lo que quería ser. La oscuridad se adueño de mi percepción de ver las cosas, a tal punto de no sentir satisfacción por lo que algún día pude haber sentido. Buscando culpables solo me percaté de ver mi presencia frente al espejo, y lo encontré. No era nadie, ni tan solo pensar que lo proferido por alguien con tanta malicia, o el hecho de ejecutar una maniobra frente a mí, pudo generarme tanto miedo, pero no fue así. No era nadie, tan solo era yo.
Tan difícil fue encontrar al causante de tantos estragos, de noches de insomnio, de innumerables inestabilidades emocionales, de sensaciones de ansiedad,etc..
Bastó una adecuada deliberación personal para ensimismar la correlación entre lo que padecía y la razón de por qué seguía permitiéndolo. Concluí que había personas, cosas y situaciones que en mi recuerdo no quería dejar ir, como si de un preciado tesoro se tratara.
Así que me dedique a liberar poco a poco lo que me estaba haciendo daño, comenzando por aquellas situaciones que aunque están almacenadas en mi hipocampo, quería que desaparecieran de él.
Luego, el proceso con las personas costó más de lo que imagine, sabiendo que cada una de ellas genera cierta especialidad en tu vida, y que independientemente de sus acciones, ibas a conservar un espacio para ellos. Sin embargo, no hubo vínculo tan significativo como para no desprenderlo, y aunque dolió, era necesario hacerlo.
En la transformación del yo constatas que en la única persona que podrías confiar, es en ti mismo, ya que cuando se enuncia una promesa, la misma se agota con lo proferido por dicha persona, y que, en situaciones complicadas de la vida, la mejor habilidad de los seres humanos es salir corriendo, y desaparecer de ella.
Por tanto, depositar tu confianza en alguien en aras de contar con su lealtad, resulta ser, a todas luces, ilusorio; debido a que por naturaleza, el hombre, saciado de ego, busca su propia conveniencia.
De ese estadio, pasar luego a la autovaloración resulta necesario para comprender que el amor propio no se compara con la compañía de otro ser, y que buscarla, solo para llenar un vacío o verse en la necesidad de la obtener misma, nos da a entender que es la mera evidencia de la infelicidad, y de ese modo, de no quererse.
En mi búsqueda sobre el entendimiento de mi persona soy feliz -o intento serlo- sonriendo y dando la cara a las peores adversidades que me pueden ser presentadas. Agradezco el aquí y el ahora, y valoro las cosas que me han sido regaladas, sí, regaladas, porque nada en la vida nos pertenece salvo nuestro intrínseco ser, la esencia de nuestra alma, y las obras que hacemos a través de ella.
En la transformación de mi persona soy un simple aprendiz, pero cada día me hago más fuerte, cada día acepto como soy, sin necesidad de aprobaciones de terceros; cada día me nutro de nueva información y aunque pueda retroceder, se que los siguientes pasos serán más grandes. En la transformación de mi persona, sabré, que el conocimiento propio y el equilibrio, son virtudes que cada ser debe lograr, para así, entender el verdadero significado de la vida.
"Quien conoce lo eterno
Es un erudito;
Quien se conoce a sí mismo
Es un sabio;
Quien conquista a los demás
Es poderoso
Quien se conquista a sí mismo
Es invencible"
Antiguo Proverbio Chino